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Vie, Jun
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Credos

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CREDO APOSTÓLICO o Símbolo Apostólico


Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra del Espíritu Santo; nació de María virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercero día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos; está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso; de donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo; en la santa Iglesia Católica; la comunión de los santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne; la vida eterna. Amén. 


(De la "Liturgia de la Iglesia Española Reformada Episcopal", 1975)

 


 

CREDO NICENO o Símbolo Constantinopolitano


Creemos en un solo Dios, Padre omnipotente, hacedor del cielo y de la tierra, autor de todas las cosas visibles e invisibles.

Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, y engendrado del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; consubstancial al Padre; por quien todas las cosas fueron hechas, tanto en el cielo como en la tierra: el cual por nosotros los hombres y por nuestra salud, descendió de los cielos; y por el Espíritu Santo se encarnó de María Virgen, y se hizo hombre; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue sepultado, y resucitó al tercero día; subió a los cielos; está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente; de allí vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos: y su reino no tendrá fin.

Y en el Espíritu Santo, Señor vivificador, y procedente del Padre y del Hijo; que con el Padre y el Hijo debe ser adorado y juntamente glorificado; que habló por los Profetas. Y en una sola Iglesia, santa, católica y apostólica.

Reconocemos un solo Bautismo para la remisión de pecados; y esperamos la Resurrección de los muertos, y la vida del mundo venidero. Amén.


(De la "Liturgia de la Iglesia Española Reformada Episcopal", 1975)

 


 


CREDO DE ATANASIO o Quicunque Vult


Se recitaba antes en el Oficio Divino de los domingos. La Iglesia Anglicana y otras iglesias protestantes lo aceptan como válido. Por mucho tiempo se ha creído que su autor fue San Atanasio (295-373), obispo de la iglesia de Alejandría en Egipto. Sin embargo, no es probable que lo fuese porque las iglesias orientales comenzaron a conocer este Credo hasta en el siglo XII. Actualmente se considera mas probable que fuese compuesto al sur de la actual Francia durante el siglo V. La copia más antigua que se conoce pertenece a una colección de homilías hecha por San Cesáreo de Arles (503-542).

Todo el que quiera salvarse, debe ante todo mantener la Fe Católica. El que no guardarse esa Fe íntegra y pura, sin duda perecerá eternamente.

Y la Fe Católica es esta: que adoramos un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Substancia; porque es una la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; mas la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es toda una, igual la Gloria, coeterna la Majestad. Así como es el Padre, así el Hijo, así el Espíritu. Increado es el Padre, increado es el Hijo, increado el Espíritu Santo. Incomprensible es el Padre, incomprensible es el Hijo, incomprensible es el Espíritu Santo. Eterno es el Padre, eterno es el Hijo, eterno es el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno; Como también no son tres incomprensibles, ni tres increados, sino un solo increado y un solo incomprensible. Asimismo, omnipotente es el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Asimismo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Y, sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios. Así también, Señor es el Padre, Señor el Hijo, Señor el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas de por sí es Dios y Señor, sí la Religión Católica nos prohíbe decir que hay tres Dioses o tres Señores.

El Padre por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado. El Hijo es sólo del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente. Hay, pues, un Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. Y en esta Trinidad nadie es primero ni postrero, nadie mayor ni menor; sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente y coiguales. De manera que en todo, como queda dicho, se ha de adorar la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad. Por tanto, el que quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad.

Además, es necesario para la salvación eterna que también crea correctamente en la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Porque la Fe verdadera, que creemos y confesamos, es que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre; Dios, de la Substancia del Padre, engendrado antes de todos los siglos; y Hombre, de la Substancia de su Madre, nacido en el mundo; Perfecto Dios y perfecto Hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre, según su Divinidad; inferior al Padre, según su Humanidad. Quien, aunque sea Dios y Hombre, sin embargo, no es dos, sino un solo Cristo; Uno, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por la asunción de la Humanidad en Dios; Uno totalmente, no por confusión de Substancia, sino por unidad de Persona. Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y Hombre es un solo Cristo; el que padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos, está sentado a la diestra del Padre, Dios todopoderoso, de donde ha de venir a juzgar a vivos y muertos. A cuya venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras. Y los que hubieren obrado bien irán a la vida eterna; y los que hubieren obrado mal, al fuego eterno. Esta es la Fe Católica, y quien no la crea fielmente no puede salvarse.

(De http://anglican.tripod.com.mx/otros/credos.HTM, página de la Iglesia Anglicana de México, Congregación de San Patricio)