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Hagamos reír a Dios, o una mirada esperanzada hacia 2016

Gabriel Jaraba
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Hay un dicho que, con una alta carga de ironía, reza: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”

Por GABRIEL JARABA  -  El refranero tradicional español dice lo mismo con otras palabras: “El hombre propone y Dios dispone”. Yo suelo tomarme muy en serio este tipo de aseveraciones surgidas de la mente colectiva popular y me fijo en la expresión textual de las mismas, además de su sentido final. Por ejemplo, en el caso del primer dicho: “Si quieres hacer reír a Dios…”. Hombre, pues no está nada mal eso de hacer reír a Dios. Si me gusta la idea de un Dios que ríe, imagínense que ello pueda suceder como resultado de una acción humana. Quizás no exista situación más excelsa posible en esta Tierra: Dios y sus criaturas riendo juntos y haciéndose reír mutuamente.

En el caso de la segunda frase, habitualmente se fija uno en “Y Dios dispone”, gran verdad, pero no es menos interesante la primera parte, “El hombre propone”. Necesario es que Dios todopoderoso disponga, pero no es menos conveniente que el ser humano tenga la opción de proponer. Puesto que Dios, además de poderoso es justo, inevitablemente debe de atender las más o menos acertadas proposiciones humanas. Uno gusta de imaginar que Dios, además de ser todopoderoso, omnisciente e infinitamente compasivo, es educado. Un Dios que es justo debe de ser necesariamente considerado. Quizás si nos fijásemos en ciertas virtudes menores de naturaleza cívica no nos adentraríamos en los berenjenales fundamentalistas a los que conduce la grandilocuencia tremendista. De modo que pensar en un Dios alegre y considerado respecto a sus criaturas –cómodamente establecido en sus pantuflas de andar por casa, como lo dibujaba José Luis Martín en la revista humorística El Jueves—podría ser una forma privada, prudente y sensata de adoración.

¿Es la esperanza, además de virtud, una forma de proposición a Dios de lo que nos gustaría que sucediera? En mi humilde parecer, la esperanza, junto con la fe y la caridad, es uno de los ejes de la buena nueva evangélica. El propio Jesús no cesaba de repetir “no tengáis miedo”, pues allá donde no anida el miedo todo es espacio para la esperanza. Pensándolo bien, el motivo central: la Palabra, Jesucristo mismo en su encarnación, es nada menos que la irrupción súbita y rotunda de la mayor esperanza concebible en un mundo desesperanzado. De modo que si Dios mismo se convierte en esperanza para nosotros (“Cristo en nosotros esperanza es de Gloria”, dijo Pablo) cosa buena es albergar esperanzas y por ende, proponer para que Dios disponga.

Estos que siguen son, pues, los motivos que me hacen considerar el nuevo año de 2016 con esperanza.

El virus Ebola es erradicado de Guinea, el país donde se había desarrollado con más fuerza, gracias al esfuerzo de la población, que ha cooperado con científicos y sanitarios. Ello se da en el marco del retroceso general de epidemias y enfermedades que en los años 80 causaron una alarma mundial que hacía temer que diezmaran el tercer mundo.

Las reservas alimentarias existentes en el mundo podrían dar de comer a tres veces el número de habitantes actuales del planeta en su totalidad. No es cierto pues que la subsistencia del género humano esté amenazada por la superpoblación sino por la ausencia de políticas efectivas que promuevan la distribución equitativa de los bienes.

En las grandes capitales españolas se abren nuevas librerías después de que algunos establecimientos tradicionales cerraran las puertas. Son tiendas con vocación de centro cultural, a menudo enraizado en el barrio, gestionadas por emprendedores jóvenes motivados por la lectura y dotados de imaginación, que con ello promueven la cultura y hallan un medio de vida para sus familias. En contra de la creencia popular, las estadísticas indican que nunca se habían vendido tantos libros y nunca se había leído tanto; la irrupción de internet ha extendido nuevas formas de lectura y ofrece a todos numerosas formas de recuperación de información. El analfabetismo, otrora mayoritario, ha desaparecido de España y los jóvenes que van a la escuela y al instituto leen mucho más que los de generaciones anteriores. El prestigio de la educación es mayor que nunca en todo el mundo: Malala Yusafzai, 0una valiente adolescente paquistani que lucha por generalizar la educación entre quienes no tienen acceso a ella, ganó el premio Nobel.

Aunque continúan existiendo puntos de alta tensión e incluso de estallido bélico en el planeta, no existe riesgo de conflagración mundial o generalizada. Si bien han aparecido nuevos puntos de tensión, también se desactivan otros: sólo hay que pensar en la reciente distensión entre Estados Unidos y Cuba, cuando a principios de los 60 la crisis de los misiles soviéticos instalados en la isla estuvo a punto de desencadenar la tercera guerra mundial. Hay que notar que las actitudes mediadoras tuvieron el cristianismo en el centro: Francisco, papa de la Iglesia de Roma, como propiciador de los acuerdos; el presidente Barack Obama, cristiano protestante miembro de la United Church of Christ, y el presidente Raúl Castro, un dirigente ateo que dijo estar dispuesto a asistir a los servicios religiosos si esta actitud de diálogo se generalizaba.

A pesar de la crisis y de las políticas antisociales del gobierno saliente, las estructuras familiares de los ciudadanos españoles han asegurado la cohesión social y han paliado efectos que podrían haber desembocado en una exclusión insoportable. Las personas mayores han ayudado con su generosidad haciendo que sus pensiones se repartan entre la familia. Este espíritu de amor dice más de la moral familiar de nuestra sociedad que muchos discursos hechos de palabras a menudo vacías y de afirmaciones que no tienen que ver con la religión sino con morales sexuales particulares.

La conciencia ecológica, que en los años 70 era una novedad circunscrita a grupos avanzados o marginales se ha situado en el centro del pensamiento mayoritario. Se ha celebrado una conferencia cumbre entre países y potencias orientada a paliar los efectos del cambio climático y el primado de la iglesia de Roma ha publicado una encíclica en la que el pensamiento socioecológico antes exclusivo de los ecologistas ha sido propuesto a todo el mundo desde una perspectiva cristiana. Este pensamiento no se limita a un mero conservacionismo del medio ambiente sino que pone a la persona en su centro como custodio de la Creación al tiempo que cuestiona seriamente los status quo económicos del sistema de producción que establece la explotación del hombre por el hombre.

La actividad de las organizaciones no gubernamentales para el desarrollo, para la promoción de los derechos humanos, para la protección de los pueblos indígenas, para la asistencia a refugiados o víctimas de la guerra, para la defensa del medio ambiente, es cada vez mayor al tiempo que esas ONG cuentan con un importantísimo número de socios. Estas organizaciones se han situado en el centro de la mirada de la actualidad y los gobiernos y poderes más diversos se ven obligados a contar con que su mirada de supervisión y denuncia es fundamental en la configuración de la opinión pública. Las ideas altruistas que estas organizaciones sostienen y promueven han pasado a formar parte de la cultura popular de las personas y han dejado de ser rarezas o aficiones para convertirse en un elemento ineludible del paisaje social. Nombres como Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras, Cruz Roja, Human Rights Watch, Survival o Greenpeace son hoy marcas globales de enorme prestigio.

Las guerras de religión han desaparecido de Europa. Actualmente está mal visto socialmente albergar rencores hacia otras personas a causa de su fe. En España el nacionalcatolicismo se ha visto obligado a recluirse en un extremo social e incluso la Conferencia Episcopal católica ha tenido que atenuar sus pulsiones en este sentido. Los grupos extremistas no han conseguido imponer un discurso de intolerancia e incluso las dos organizaciones integristas internacionales de este género que actúan en nuestro país han terminado por optar por el lenguaje de la moderación. Tal es el desprestigio de la intolerancia religiosa que incluso en Irlanda del norte, aunque continúe el mutuo rechazo entre católicos y protestantes, también se ha impuesto cierta moderación en las formas o por lo menos, el disimulo de lo que se sabe que está feo.

El ataque yihadista a París del 13 noviembre no ha conseguido sus objetivos: desmoralizar a la población, enfrentar a los ciudadanos entre sí y crear psicosis bélica. La respuesta inmediata de los parisinos al horror fue la solidaridad, el coraje y el civismo, no hubo escenas de pánico, ni agresión a musulmanes y la gente acudió a llenar las terrazas de las cafeterías como signo de resistencia y rechazo. El clima general de la opinión pública en Europa es contrario a que se realicen acciones bélicas sobre Siria que puedan dañar a la población civil y las llamadas a evitar la “islamofobia” resultan casi innecesarias. Los propios ciudadanos de religión musulmana han mostrado, a través de sus asociaciones, el rechazo del yihadismo. Quienes consideren esta una visión excesivamente optimista, piensen cómo hubiera vivido Europa una situación semejante en los años 30.

La crisis de los refugiados que llegan a Europa huyendo de la guerra de cercano oriente y de la invasión del Daesh ha puesto de manifiesto las debilidades de la Unión ante crisis de esta envergadura. Pero si bien algunos estados han reaccionado de manera dudosa en ella, la ciudadanía en general se ha mostrado comprensiva y solidaria con los afectados, de modo que la gente ha estado más dispuesta a su acogida que los gobiernos. Pero incluso el gobierno de la República Federal de Alemania, tan denostado por algunas de sus políticas económicas comunitarias, se ha situado a la vanguardia de las posiciones de acogida e integración de refugiados. Me remito de nuevo a imaginar una situación parecida en los años 30 para valorar el caso actual.

El progreso científico y su aplicación ventajosa mediante la tecnología sigue desarrollándose. Enfermedades que hace solamente 30 años eran inevitablemente mortales han podido ser contenidas y controladas, los avances en la investigación del cáncer son más espectaculares que nunca y la esperanza de vida no viene afectada por la morbilidad sino por causas atribuibles a la acción humana: guerra, miseria, subdesarrollo, injusticia. Los efectos negativos de la tecnología sobre el medio ambiente y la sostenibilidad de la vida en el planeta están en la conciencia central de los científicos, y son únicamente los sectores más regresivos de los poderes políticos y económicos quienes siguen negándolos.

Los derechos de la mujer se han convertido en piedra de toque para considerar la calidad de las civilizaciones. En occidente la revolución feminista ha triunfado y la conciencia de la igualdad de géneros se ha instalado en el centro del pensamiento. Aunque todavía no existe total paridad en instituciones, empresas y grupos, y tampoco el cumplimiento de la exigencia de a trabajo igual, salario igual, las legislaciones democráticas recogen el imperativo de la igualdad y garantizan los derechos de las mujeres. Puede decirse que la revolución feminista ha sido la única que ha triunfado en el siglo XX y no va a retroceder en el XXI, pues quienes desean devolver a la mujer al dominio por el hombre si no a la esclavitud son una minoría que será derrotada. Los asesinatos machistas que se cometen en España no son sino una reacción violenta a esta revolución cultural tan profunda, y por tanto, no prevalecerán.

Los derechos de las personas que siguen orientaciones sexuales diversas siguen un camino parecido: los estados van reconociendo progresivamente el matrimonio entre personas del mismo sexo y las legislaciones castigan la discriminación homofóbica. Acceden a puestos dirigentes personas de orientación sexual distinta a la de la mayoría y entre la población en general esas personas ya no se ven recluidas a posiciones marginales o profesiones de la industria del entretenimiento.

La religión y la conciencia espiritual no han desaparecido ni han retrocedido, como a mediados del siglo XX suponía la mayoría de los intelectuales y académicos. Por el contrario, las personas se aproximan con toda naturalidad al hecho religioso y lo hacen a menudo de manera muy informal, lo que significa que la práctica de la espiritualidad se ha extendido enormemente más allá de cuestiones normativas o culturales. Se ha impuesto en casi todo el mundo una mentalidad que considera conveniente y necesario el diálogo interreligioso. Existe una corriente cada vez más poderosa que cree positivo el intercambio de experiencias entre las tradiciones orientales y las occidentales (cristianismo, judaísmo y humanismo) e incluso personalidades de gran fundamento espiritual e intelectual hablan de procesos de síntesis. Los personajes de mayor prestigio mundial son religiosos, Francisco y el Dalai Lama, e incluso la espiritualidad de los pueblos tradicionales y nativos es considerada como una importante parte del patrimonio espiritual de la humanidad y no como meras supersticiones llamadas a desaparecer. El ateísmo militante antirreligioso ha dejado de ser la ideología dominante entre las masas del proletariado y los sectores burgueses emergentes como lo fue durante el siglo XIX y buena parte del XX. 

Y todo eso sucede porque la gente es buena.